Las entradas principales a la escuela también
eran remotas para los niños que una vez adentro andaban duros y acartonados
encajados en esos guardapolvos blancos que las madres hacendosas almidonaban
entre el viernes a la tarde y el sábado a la mañana que era cuando ellas se
dedicaban puteadas mediante a sacarle todas la roña acumuladas de la semana en
los cuellos y en las mangas con pequeños cepillos y jabón blanco a esos jirones
de tela en los que quedaban convertidos los uniformes, eran dos entradas
principales o salidas lo mismo con portones de madera tallada y una pequeña
entrada o salida que no se utilizaba ni en los ingresos ni en los egresos de
los niños de los turnos mañana vespertinos y nocturnos adonde ya no eran tan
niños sino unos porros que se quedaban de grado y para evitar las grescas por
eso los mandaban a los turnos cuando los peregrinajes de gente merodeando se
reducían, las entradas principales quedaban alejadas de las aulas donde los
niños se las pasaban bostezando con hipo y en algunas oportunidades vomitando
cuando los padres los dejaban enfermos porque no les quedaba otra, cuando
llegaban a los últimos grados quinto o sexto los niños recién se daban cuenta
que los portones grandes se abrían con sus entradas y salidas y que por esa
puerta remota, pequeña, entraban los que traían las facturas que se repartían
en los desayunos o en las meriendas, pero también salían las maestras o las
porteras cuando se le birlaban a las directoras sin que las otras se dieran
cuenta y algunas más a rascar con su galanes.

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