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Wednesday, December 16, 2015

Caro rima barato.



El gordo rompe hueso no se perdía una ni un feriado ni un asueto ni siquiera una huelga cuando los obreros tenían libertad y paraban la fábrica por varios días, estaba en todos los eventos importantes de los niños como si los siguiera incansablemente con su kiosco montado sobre cuatro ruedas de goma que se había conseguido de algún gomero como Espíndola amigo que las tendría de descarte de algunas siambretas destartaladas que quedaban en su tallercito juntando tierra y alimañas, el gordo rompe hueso aparecía con su carrito y sus tentaciones amontonadas, de chocolates mentolados, de golosinas manzanas confitadas de galletitas, y pochoclos de varios días, y se quedaba paciente esperando en la puerta de la escuela, a la salida del cine cerca de la antipalúdica en las funciones de noche que comenzaban los miércoles y en los selectas y en los matinés de los domingos y en los selectas de los sábados, ahí estaba por todos lados porque además había armado un par de carritos que rodaban de vez en cuando remontando por la avenida libertad rumbo del hospital o de las paradas de los Balut de los Atahualpa que pasaban cada hora, uno kioscos más que trabajaban sus niños mayores en las festividades de carnaval cuando tofo el pueblo se descolgaba a los corsos, en las fiestas patronales y en la fiestas de la patria especialmente los doce de octubre que era cuando el pueblo tiraba la casa por la ventana, el gordo rompe hueso con sus manos grandes y diligente atendía las colas de niños y de padres con caras de pocos amigos diciendo a sus hijos que las golosinas eran muy caras y que además destruían las muelas que había que cuidarlas, el gordo era carero pero siempre tenía lo que le pedían entonces era como barato.

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