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Tuesday, December 22, 2015

Devociones rima desprendimientos.



Y así de pronto un día el mancebo comenzó por atar cabos, que pasa el tiempo y que entonces ese tiempo va cayendo sobre las vitalidades sobre las ganas sobre los tiempos que se cargan y que entonces hay viejos y jóvenes y  que ellos eran mayores, con sus dotes que eran pocas que no eran ninguna herencia importante ningún legado ningún caudal inagotable de riquezas aunque algo hubiera y ese algo lo llevara a bajar sus contemplaciones sus paciencias sus consideraciones con ellos que estaban más yéndose que quedándose, de esos que a decir verdad no tenían mucho que ver con sus propias cuestiones porque al final lo habían rescatado de la maternidad en la tacita de plata una tarde cualquiera cuando promediaría los nueve meses le dijeron cuando le vino la conciencia esos dos viejos macanudos a los que llamaba mis viejitos hasta el día que comenzó a maquinar con sus necesidades los ingresos de la casa y la sobrevida de esos dos enfermeros que lo cuidaron los últimos veinte años, y al final así de pronto sin avisos un día el orondo caballero a pesar de los mimos se fue poniendo inquieto para contabilizar lo que al final le quedaría de todo eso que los comedidos que lo adoptaron habían logrado juntar a lo largo de sus vidas con mucho sacrificio ahorros que fueron haciendo día tras día mientras cubrieron sus necesidades como ellos mismos decían después de las postergaciones de  sueños que tuvieron siempre y que nunca pero nunca pudieron ver hechos realidades, en esos sus desprendimientos que a él no le importaban. 

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