Llamaradas de
fuego unas tras otras apuntaron al cielo como si fueran lenguas de diablos
burlándose de dios y de todos sus ángeles y arcángeles y de todos sus santos,
en medio del vecindario se alzaron las chispas los resplandores alumbraron y
colapsaron las paredes de casas cercanas y de esos fuegos artificiales que
comenzaron antes que cante el gallo antes también de la misa de gallo que el
cura del pueblo daba entonado que era la única forma de mantenerse despierto
hasta después de medianoche y en unas pocas ocasiones que le pedían sus
intervenciones los fieles los parroquianos del pueblo, todos eso pasaba
mientras un grupo de borrachines impertérritos se mamaban absortos sin darse
cuenta alrededor de una mesa improvisada unos metros más allá y a unos pocos
metros también un grupo de comedidas llamaba al nueve once para que se
enteraran y les avisaran a los bomberos de la empresa que eran puro uniformes y
camiones sin agua pero que de todas maneras llegaban entusiasmados porque no
fueron comunes los incendios entonces y si no fuera con agua los combatían con
arenas en baldes que revoleaban mano tras mano haciendo cadenas, llamaradas de
fuego nubes de humos chisporroteos causaron los calores en los cables de la luz
que también tocaron en los plásticos y las maderas de los muebles de las
alacenas de la casa donde estuvo el foco del incendio que pronto fueron varios
incendios, mientras los borrachines seguían en sus infiernos y las vecinas en
sus limbos cuchicheaban que no pudo ser que no fue verdad en la noche de los
festejos cuando el espíritu de la virgen y el niño merodean no son
improvisaciones que pueden ser las plagas porque los hombres son más malo cada
día, y todas las cosas que hablaban detrás de los cordones de la policía
lamentando qué macana como si fuera una burla de Lucifer para la Nochebuena que
el arbolito de ahí hay entrado en cortocircuito.

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