Ni cinco de bola les daban los niños a los catequistas que con una
biblia en la mano les hablaban hora tras horas de las diferencias entre los
pecados veniales y los pecados mortales, entre reclinatorios y olores de flores
y calas que las matronas traían los sábados para adornar los altares de los
domingos que les explicaban entre recreo y recreo lo que eran las sandalias del
pescador y o del pecador que esa era el otro simón, ni cinco de bolas les daban
a los que les querían sacar por verdad y mentira los malos pensamientos para
dejar lugar a las buenas actitudes largas sanatas que los niños no escuchaban
absortos como estaban metidos en sus mundos en sus cosas, que no había que
mentir ni andar teniendo malos pensamientos ni mirando eso que no hay que ver
ni escuchando conversaciones de grandes, ni cinco de bolas les daban los niños que
transpiraban la gota gorda cuando llegaban con esas partes difíciles de
explicar la virginidad de la virgencita y las resurrecciones del señor después
de las crucifixiones que le hicieron que le hacen y le seguirán haciendo los
malvados, ellos jugaban mientras a los predicadores les salían canas verdes
porque corrían con el tiempo que el cura Keyner les había puesto para llegar
con un grupo de chicos numerosos que eso
era lo que le pedían los peregrinos conocidos del ingeniero o que estaban bajo
su férula, ni cinco de bola les daban a sus catequistas esos mismos niños que
se enteraron de sus comuniones el mismo día que les encasquetaron unos blancos
y lujosos trajecitos con brazaletes y guantes y pequeñas biblias para llevar en
las manos.

No comments:
Post a Comment