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Thursday, December 17, 2015

Dormidos rima despiertos.



Ni cinco de bola les daban los niños a los catequistas que con una biblia en la mano les hablaban hora tras horas de las diferencias entre los pecados veniales y los pecados mortales, entre reclinatorios y olores de flores y calas que las matronas traían los sábados para adornar los altares de los domingos que les explicaban entre recreo y recreo lo que eran las sandalias del pescador y o del pecador que esa era el otro simón, ni cinco de bolas les daban a los que les querían sacar por verdad y mentira los malos pensamientos para dejar lugar a las buenas actitudes largas sanatas que los niños no escuchaban absortos como estaban metidos en sus mundos en sus cosas, que no había que mentir ni andar teniendo malos pensamientos ni mirando eso que no hay que ver ni escuchando conversaciones de grandes, ni cinco de bolas les daban los niños que transpiraban la gota gorda cuando llegaban con esas partes difíciles de explicar la virginidad de la virgencita y las resurrecciones del señor después de las crucifixiones que le hicieron que le hacen y le seguirán haciendo los malvados, ellos jugaban mientras a los predicadores les salían canas verdes porque corrían con el tiempo que el cura Keyner les había puesto para llegar con un grupo de chicos  numerosos que eso era lo que le pedían los peregrinos conocidos del ingeniero o que estaban bajo su férula, ni cinco de bola les daban a sus catequistas esos mismos niños que se enteraron de sus comuniones el mismo día que les encasquetaron unos blancos y lujosos trajecitos con brazaletes y guantes y pequeñas biblias para llevar en las manos. 

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