Los patios de la escuela de los burros marcados
tenían tres patios sin un pedacito de techo lo que hacía que fueran mares de
fuego en verano y en los inviernos estepas donde además las maestras como si
fueran sanciones como si fueran penalizaciones, tres columpios siempre vacíos
se mecían como si los estuvieran meciendo los fantasmas invisibles y los
toboganes y los trancabalancas, hacían que los niños varias veces en el año
desfilaran por ahí con bailes inocentes o tradicionales y los disfrazaban con
bolsas de arpillera en los veranos y con cartulinas finitas en los inviernos
así que vivían cagándose de calor o de frío culpa de esas locas que se pasaban
pasándose chismes en la dirección y en la sala de reuniones, mientras en las
galerías los niños dibujaban rayuelas y jugaban a las payanas, qué culpa tenían
de los dramas de los mate cocido de la escuela del frente con las broncas
acumuladas por los otros que se callaban con las injusticias de las
maestras, sus patios eran parecidos pero
eran cuatro y uno de tierra sin un pedacito de pasto donde los niños jugaban
sus picaditas de siempre con los celadores que se metían a jugar con ellos,
estos se enfermaban porque los otros los padres y los alumnos se ocupaban de
decir que ellos no eran más que los morochitos hijos de los obreros que al lado
de ellos ni se comparaban considerando que estaban los hijos de los jefes y el
nieto mayor del ingeniero.

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