En las campañas ellos decían lo que los otros
querían escuchar no necesitaban albaceas ni escribas ellos sabían al dedillo
cada palabra cada frase que los otros esperaban que ellos largaran de sus lenguas
afiladas como lenguas de serpientes venenosas, en encendidos discursos en
peroratas interminables criticando a los rivales, en los días anteriores a las
elecciones ellos vociferaban lo que los otros querían escuchar que eran
montones de palabras inexplicables algunas que no se entendían otras las más de
la veces porque se mezclaban con jingles y música contagiosa y pegajosa que
salía de altoparlantes a todo trapo, que bailaban hasta las gordas que se
encargaban de los pormenores de los actos en las sedes del partido y de
repartir los cotillones y los volantes con las fotos del candidato y sus
colaboradores con los brazos en alto y sus manos con la ve de la victoria, en
las campañas ellos daban argumentos de las cosas que les faltaban que eran
muchas y de los que no se quejaban porque dios era grande y que con un tinto y
un choripán se olvidaban ahí en medio de los discursos hasta el otro día que
sería uno más de eso días en que andarían ellos, no las cloacas ni el agua
potable ni el pavimento que nunca llegaban, ellos decían lo que los otros
querían escuchar si total a las palabras se las levaba el viento y al poder lo
agarraban cuando menos por cuatro años lo que daba justo para armarse de un
capitalcito y poder supervivir cuando llegaran las malarias, en las campañas
ellos decían lo que los otros querían escuchar esos mismos que esperaban cada
vuelta para tener lo que nunca tenían lo que nunca les llegaba después de las
campañas de las promesas que los denigraban, de esos de esos mismos que andaban
sacudiendo sus bajezas.
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