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Sunday, November 01, 2015

Ganas rima vanas.



No quedaron registrados en las contabilidades sencillas de la oficina los franeleos que ellos hacían a las mañanas temprano recién llegados, ávidos de manos y de apretones el uno con el otro, no quedaron registrados en esas planillas manchadas en las puntas con mate cocido que se derramaba en los pupitres cuando tambaleantes forcejeaban en los contactos de calentones sin sacarse la ropa, porque perderían los tiempos hasta las horas apenas unos minutos después de esos forcejeos cuando comenzaban a llegar los otros empleados no fuera que los descubrieran en esos juegos de masturbaciones silenciosas y desesperadas que los pillaba cada mañana cuando comenzaban las tareas laborales de los días intensos de atender clientes, confeccionando los remitos y las cartas de porte de despachos de mercadería que los camioneros llevaban a otros pueblos, no quedaron indicios de las tintas de sellos manchando superficies de sus escritorios informes oficios mezclados con lapiceras y broches y perforadoras, porque ellos mismos se ocuparon de disimularlos de todas las maneras apenas pasaban esos sofocones que buscaban juntos llegando un poco antes de los horarios de los otros marcando tarjetas en relojes que siempre marcaban las horas exactas no quedaron registros de ella provocando con sus pechos grandes y endurecidos rebalsando camisas blancas del uniforme con escotes abiertos contenidos por botones apenas enganchados en ojales deshilachados, ni quedaron los registros de él que como fiera enjaulada la seguía por los rincones mostrándole en los abrazos eso que le palpitaba entre las piernas y que ella sabía muy bien calmar con dos o tres estrujones generosos, no quedaron registradas sus ganas, tampoco sus amores sus caricias vanas que quedaban en sus historias después de sus friegas después de sus orgasmos por roces.

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