Más que cuidar las fronteras los
gendarmes estaban para hacer respetar las leyes que ni entendían para que las
respetaran todos los zafreros que traían menos ellos los de tembetás que venían
de las yungas que quedaban cerca, no como los otros que los traían para que se
quedaran seis meses hasta que terminaba la cosecha hasta entonces, cuando
abrieron fuego con sus escopetas los gendarmes a los otros que no tenían con
qué defenderse si lo único que estaban haciendo es lo que habían escuchado de
los delegados que el general les mandaba a decir de los derechos del trabajador y todas esas
cosas, aun cuando los otros estaban desarmados y les dispararon a ellos a los
matacos, que hasta el día que se armó el quilombo y vinieron esos cornudos
gendarmes a desparramarlos por orden del ingeniero ellos vivían en Prediliana
en Florencia en Paulina, felices la vida vivían en sus ranchos en sus propias
chozas ya acostumbrados a cruzarse pero nunca a mezclarse con esos que venían a
buscarlos en sus camionetas para llevarlos hasta los cañaverales esos que eran
compinches con el lotero los jefes del lotero hasta el día que se armó la rosca
ellos eran tranquilos y nobles porque antes que los otros se metieran no eran
de pelearse con nadie de andar camorreando, mientras los dejaran trabajar más sosegados
que iracundos y chupar en los francos y no se metieran con las mujeres que para
ellos eran sagradas las chicas y las grandes eran sus costumbres, pero levantaron
en ira los matacos cuando los otros abrieron el fuego apoyados por los obreros
y los empleados del ingenio que los defendían a los patrones apoltronados en
los dinteles de las sala, ellos eran tranquilos pero como cualquiera se
calentaron cuando se dieron cuenta que los jefes de la empresa les estaban
haciendo trampas con los vales de mercadería que les entregaban y que tenían
que retirar del almacén grande y les daban junto con los recibos de los
jornales que les pagaban cada quince días, y entonces les hicieron una huelga y
no les gustó y por eso mataron a varios hermanos y no les importaba, pusieron
el grito en el cielo y resistieron lo que pudieron hasta que lo mandaron al
cacique para que hablara en nombre de todos los que se rompían el lomo
laburando en los surcos de sol a sol, para que encima les sacaran de los
jornales los que los contadores decían y no lo que ellos sabían muy bien lo que
era porque serían ignorantes pero no tontos como los otros decían unos brutos
de porquería los churumatas reclamaban, y entonces pasaron como veinte días
haciendo reclamos, para que los masacraran cuando se armó el quilombo y el
cacique tuvo que rendirse y desde esos días los amontonaron a los poco que
quedaron en un lote que parece mentira le pusieron la reducción.

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