En altares confesionales donde
levantaban con sus entusiasmos rompiendo las olas adversas en elecciones
interminables los vientos en contra en esos altares donde reventaban sus morales
con moralinas baratas y berretas en estrados donde vociferaban sus consignas de
campañas que después empalmaban con las consignas de gobierno que después
empalmaban con otras consignas cuando volvían al llano, inventaban fantasmas a
cada rato para destruir a los que osaban meterse con ellos en los ruedos sus
ruedos reservados por el general para que reinen y gobiernen los trabajadores
antes que aparecieran los gremialistas que eran trabajadores transmutados de
patrones encerrados en mansiones caras y espaldas inmensas de guardaespaldas
con cucarachas en sus oídos mordazas en sus bocas y ojos de modo que no
escucharan nada y entonces no dijeran nada de las conspiraciones que ellos les
hacían a los otros para desarticular la que los otros les hicieron a les hacían
a ellos, el problema eran sus confusiones porque confundían a los otros que ya
estaban confundidos y entonces los confundían.

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