Los primeros días le trajeron
alivio un profundo y fresco alivio le bajo en el cementerio después de dejar los
restos mortales de la vieja en un nicho ordinario que no se merecía después de
tanto arremangarse su guardapolvos su blanco guardapolvos como si fuera la pelambre
dura de una rata de laboratorio, como el viejo como él justo como él que le
enseñó a ella las bases de la enfermería que es de lo que trabajaron los dos
toda su vida en el hospital del ingenio, los primeros días le trajeron ese
alivio de sentir el gustito de la independencia de la libertad de decidir por
sí solo sin los molestos consejos sin los amañamientos de la vieja con sus recomendaciones,
luego vinieron los apoteosis las potencias los delirios de gastar sin las
vergonzantes situaciones de andar chupándole la media a la vieja después de la
partida del viejo que era el único que se ponía del lado de él, de gastar a
troche y moche sin las cuentitas que ella hacía sobre hojas de libretitas de
hule que se empezaban una y otra vez que nunca se ocupaban totalmente porque
cuando se las necesitaba no se las encontraba en su momento, vinieron y
llegaron los sueños de ser dueño absoluto de esa platita amasada por los
veteranos en tanto tiempo, vinieron los días de buena ropa de jodas de minas,
llegaron los tiempos de sus sueños de gastar todo el tiempo sin nadie que
dijera que estaba mal bien mal como los días que siguieron que lo dejaron
chueco, con los que como él chupasangres se fumaron la plata tanto las morfaron
que vinieron los tiempos de andar en la calle.

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