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Tuesday, October 06, 2015

Veletas rima vientos.



Viperino por la buena vespertino cuando grababa ejecutivo era el Buendía celoso de sus trabajos puntilloso, nervioso caminando entre las cuatro paredes de su aguantadero de la avenida como una veleta temblequeando pero firme apuntando para el lado de donde venía el viento que para él era en del mejor postor del que mejor pagaba los servicios que vendía que parecían nada pero de pronto eran todo porque sin propaganda no había ventas y sin ventas no había negocios y sin negocios no se pagaban las partidas de las tasas municipales y si no se pagaban las tasas municipales se fundía el intendente y no había alumbrado barrido y limpieza y todo el pueblo moviéndose gracias a sus buenos oficios, el Buendía vendía sus publicidades callejeras entre las diez de la mañana y las doce del mediodía de cada día al mejor postor en contratos casi de palabra en compromisos que se plasmaban con un cheque firmado en blanco como garantía porque nunca llegaban al banco, contratando por hora no más de tres horas por día porque si no, no le alcanzaba el tiempo para meter las grabaciones ni siquiera para hacerlas esas grabaciones que duraban no más de unos dos o tres minutos pero a él le llevaban unas horas, dos o tres por día nomás y después los anuncios que hacía los hacía en una renoleta vieja con un megáfono un altavoz atado en el techo conectado por un cable con una grabadora que colocaba en el asiento de atrás de la que emanaba su voz siempre su voz y algún estribillo de foxtrot que enganchaba a la gente, andando lentamente como para que todos escucharan por las calles del ingenio, cuando a los turcos de la casa blanca o del porvenir que estaba al frente que era la competencia, les llegaban las partidas de mercadería de la capital bultos o atados enteros que el Balut o el Atahualpa dejaban en la terminal del libertador de pilchas con olor a nuevo para venderles a los coyas y a los chaguancos que venían para las zafras, cuando al indio Singh le caían los camiones con bolsas de harina y maíz bolsas enteras de fideos choritos para la sopa o los guisos bosas de porotos pallares que compraba al por mayor que le entregaba a los gallegos del hogar feliz que despachaban al minorista por kilos en bolsas de papel madera, se acordaban del Buendía y lo buscaban para que les hiciera la propaganda, él nunca les fallaba menos como le fallaron ellos  el día cuando al ingenio llegó alguno que instaló una emisora de radio.



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