De pronto el yo tengo fe de
palito se interrumpió de golpe y la luz blanca de la pista de catriel se
difuminó en medio de los rumores de los que estábamos que éramos muchos
preguntando qué pasaba lo que pasaba es que pasaron largos minutos de confusiones
de oscuridades que no eran comunes los sábados después de la medianoche que es
cuando comenzaba la joda con todo y con todos los amigos y los no tan amigos y
los camorreros de siempre adentro arribados al antro donde invariablemente
caíamos para tomarnos unos tragos y enganchar algunas de las chichís que nos
dieran bola, el bochinche se acalló y un rosario de silencios que aumentaban se
fue colando por los rincones, de pronto las sombras que empezaban con las luces
mortecinas del boliche diseminadas por todos los rincones de los dos o tres
salones como para que ninguno dejara de pagar su trago porque andaban los
fisicudos de Furque mirando y levantando vasos tirados en el piso o abandonados
con tragos hasta la mitad por parejas de tortolitos que andarían franeleando en
algunos de los rincones que eran muchos, cambiaron a otras sombras más oscuras
de los reflejos indirectos de la luna que se colaban por las puertas de entrada
y el par de ventanas que estaban más de adorno que para ventilar los ambientes,
de pronto los murmullos en vez de subir de tono eran cada vez más acallados
como si todos supiéramos que ese apagón no era como otros apagones de algún
otro sábado por la noche, de pronto esas sombras de esa noche fría de julio
nuevamente cambiaron los ruidos de ayer nomás no volvieron y se prendieron
otras luces de afuera más blanca más potentes como si fueran de reflectores alumbrando
hacia adentro, entonces alguien dijo que habían llegado los milicos pidiendo
los documentos averiguando antecedentes.

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