Los negros del sindicato se daban
cuenta bien de las prendidas de Melitón que se hacía el boludo y jugaba en
varios lugares de la cancha cuando les decía que no era cuestión de andar de
revoltosos todo el tiempo que había que dar lugar a las negociaciones más en
las épocas de los milicos que no reconocían los sindicatos y menos a sus
autoridades que esos parecerían sometimientos pero que no lo eran mientras
ellos sacaran algunas ventajas, sabían muy bien que andaba todo el día con esos
chupa sirios de los cursillistas que después que salían de los laburos en la
fábrica del ingenio se iban a rezar a sus misas de siete de la tarde que eran
preparadas para ellos que eran también o por lo menos sus mujeres maestros de
catequesis para que los niños tuvieran preparación cristina y no anduvieran por
la calle a la deriva, todos trabajando hasta el negro Melitón con el cura
Keyner y de colores juntaban ropa vieja y comida no perecedera para llevar a
los lotes y entregarles a los coyas y a los chaguancos que se las agarraban y
se las sacaban de las manos, sabían muy bien se daban cuenta que esos les
hacían el cuento de las caridades mientras les tocaban el culo de la dignidad de
los trabajadores del campo y de la fábrica porque en vez de andar dándoles lo
que les sobraba podían aumentarles los sueldo y dejarlos que ellos se gastaran
la guita en lo que quisieran le decían al vivo del quiscudo que arreglaba con
los patrones para que los compañeros que estaban perseguidos se fueran del
ingenios forrados en plata con indemnizaciones que se arreglaban en el despacho
del gringo en forma secreta, los negros se daban cuenta de las prendidas del
secretario general pero no le decían nada porque siempre ligaban algo un
puestito algunas gratificaciones.

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