Deslumbraba el curita que llego
al ingenio con la historia del opus dei justo en los días que los milicos
barrían iracundos y rebelados por las fábricas y el campo bajo las órdenes del
mayor Arenas que asentó el culo en el sillón de la intendencia y les hizo saber
a todos los empleados que la joda se había acabado justo a ellos que ni sabían
a qué joda se refería, deslumbraba a todos y todos cuchicheaban diciendo que él
vino a traer el sagrado consuelo en las horas difíciles de luchar con la
guerrilla, el curita cursillista recién llegado acompañado del gringo del cura
del pueblo con el discurso de la sagrada resignación peregrinaba diciendo que
nadie se asustara que eso no era nada más que averiguación de antecedentes, que
solamente se trataba de poner orden donde había desorden con las cosas del
señor rapapolvos que enseñaba que no había que pelearse o que si se recibía una
bofetada en una mejilla había que poner la otra mejilla y los publicanos le
creyeron como eso que no había que andar quitando al patrón las cosas que eran
del patrón bondadoso que daba trabajo a todos en los alrededores, deslumbraba
el curita con sus ideas de vanguardia y los fue invitando a los capos del
ingenio a sus señoras y devotas e infieles esposas a que se hicieran
cursillistas que los laicos tenían que involucrarse en las cosas de la iglesia
para llevar consuelo y ropa usada más juguetes a los más necesitados, a los
barrios donde los jefes de familias borrachos y rebeldes conspiraban contra la
paz del pueblo mientras que sus mujeres sus pobres mujeres lidiaban con las
cosas de sus guaguas, deslumbraba el curita con una biblia en una mano y en la
otra las listas negras que le traían sus pastores disfrazados para pasar a las
comandancias hablando de los perdones, a los que no deslumbraba era a los otros
que no le perdonaban ponerse del lado de los malos con apariencias de buenos.

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