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Friday, October 09, 2015

Juegos rima limpios.




Por las mesas donde jugaban largas canastas los miércoles y los sábados las damas distinguidas, los mozos del club social pasaban encorsetados en sus chaquetas níveas y blancas con sus bandejas carradas de sándwiches de miga y de cervezas heladas que ellas deglutían en jornadas pantagruélicas, además de los pormenores de las cosas de la empresa que ellas cuchicheaban y comentaban por apostillas de sus maridos como si fueran las dueñas de la empresa y no anduvieran cerca los verdaderos patrones, mientras un séquito de seguidoras que entraban y salían de la sala que los administradores del club les acondicionaban para ellas miraban alrededor y esperaban sus turnos sus oportunidades de entrar en las partidas fuertes que si se ganaban daban el respiro de un mes de presupuesto sin tocar un centavo del sueldo de sus maridos en el ingenio, cada miércoles a las ocho de la noche puntual para no entrar demasiado en las madrugadas distendidas de los jueves gracias a las sirvientas que a esas alturas de la semana andaban como un relojito con sus obligaciones no como los lunes a las mañanas que falluteaban todas hasta que volvían a la normalidad, cada sábado no más allá de las cuatro de la tarde lo que les daba tiempo de haber pasado por Blanca la peluquera apenas unos minutos después de la hora del almuerzo cuando sus maridos comenzaban sus siestas  de Morfeo, por esas mesas donde jugaban largas canastas pasaban las historias y los chismes del pueblo en comentarios viperinos que intercalaban en medio del juego comentarios que hacían para todas o entre compinches por pares, pasaban también las trampas que hacían las más hábiles para ganar todas las veces por eso o porque eran la mujeres de los jefes que en la administración se ocupaban de los contratos, y entonces las otras se hacían las distraídas se hacían las sotas.






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