Mientras gozamos de las ventajas
de la visibilidad ni nos damos cuenta de lo cruento de la invisibilidad hacia
donde cualquiera de nosotros inexorablemente sin excepciones vamos más o menos
lentamente según las historias que tenemos según los calidades de vida que
vamos poniendo en el tapiz de bordados sobre los que vamos entretejiendo
nuestras vidas como tejedores expertos como inútiles aprendices eso nos va
condicionando, idiotas o superhombres inventados por nosotros mismos por los
que están en los mismos deslices del hedonismo a toda marcha, somos visibles
desde los mismos instantes cuando lo percibimos que es un poco antes que es un
poco después de cualquiera que ande por ahí sin ninguna diferencia de abolengos
o de aspectos físicos salvo las diferencias naturales y culturales que no son
pocas lamentablemente que son muchas que son falaces, y es más somos visibles
nos hacemos visibles en una forma precaria de visibilidad cuando aparecemos al
mundo visibles tal vez antes mucho antes que entremos en conciencia cuando ni
siquiera lo percibimos en morisquetas que los otros nos hacen cuando ni caminamos
por nuestra cuenta o hablamos, nos miran atentamente nos prestan atenciones nos
miman nos arropan los que nos quieren y los que quieren a los que nos quieren,
y así nos vamos convirtiendo en más visibles a medida que crecemos y nos vamos
metiendo en las cuestiones de los demás, hasta que un día menos pensado así de
pronto de solo estar comenzamos a desaparecer de los ojos de los demás como si
todos los demás se hubieran puesto de acuerdo para invisibilizarnos, así de
pronto nomás a nadie le interesan nuestras explicaciones ni nuestros arreglos
de morondanga así nos tiremos el ropero encima, a nadie le interesan nuestras
opiniones ni los floripondios que no ponemos encima para llamar las atenciones
que llamábamos, así aunque nos resistamos y gocemos de toda la salud del mundo vamos
muriendo de a poco.

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