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Thursday, October 01, 2015

Desnudos rima vestidos.



Aguantábamos el olor pestilente de los cuartuchos resabios de los flujos y los reflujos de ellas sus reglas puntuales en las menarcas resabios de las eyaculaciones de nosotros que no se cortaban, en esos cuarto chiquitos de dos por dos donde apenas entraba una cama doble plaza y una mesita de luz donde quedaban la palangana con un poco de agua blanquecina por el jabón neutro que usaban para lavarnos y la ropa que no sacábamos para hacerlo apenas los pantalones si los nervios no nos hacían tiritar demasiado y algunas toallas pequeñas y mugrientas que hasta ellas evitaban usarlas, y aguantábamos ahí donde las chicas trabajaban, en el bajo, comedidas y solícitas por dos pesos la hora que quedaba reducida apenas a unos minutos porque nos sacaban las energías rápidamente a nosotros que solamente mirando esas carnes que desbordaban bombachas y corpiños fosforescentes ya nos alucinábamos, eso si no arreglábamos por la francesa que nos dejaba exhaustos y desmayados por varios minutos con la chupada no más que las dejaba con ganas a ellas porque cuando nosotros terminábamos ellas estaban empezando y se ponían pedigüeñas y querendonas, aguantábamos el olor del sexo a cada rato que no les daba tiempo a airear esos cuartuchos que no tenían ventanas porque había hileras de ellos casi seguro que para aprovechar con más cuartos los espacios del lote del cafiolo que comandaba los burdeles de mala muerte, aguantábamos el olor si total después, afuera vestidos y con composturas, suspirábamos como saliendo de esos edenes.




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