Los días se estiraban como
chicles largos se hacían los días de los niños que no preguntaban lo que
querían saber a sus progenitores entretenidos con sus problemas y entonces los
niños esos niños hacían lo que creían que tenían que hacer por su cuenta o por
cuenta de las sirvientas que los cuidaban armadas de paciencias acostumbradas a
agachar sus cabezas aunque tuvieran razón sus razones, andar criando las
guaguas de mujeres mal colocadas y de tipos lanceros, más que la razón más que
las razones de esos niños que preguntaban zonceras y entonces seguían viviendo
largo de zonceras en zonceras, por esos días cuando por fin llegaron los días
en que los pantalones cortos quedaron en las historias de los días largos
salpicados de inventos de juegos o de leerse enteras las revistas los días que
llovía porque no había otra en los alrededores del ingenio, esas historias
pasaron y se cambiaron por otras historias más rojas como los infiernos cálidos
que arrancaron con los primeros pantalones largos como los días que se
estiraban como si no pasara el tiempo como si no pasara nada, para esos niños
que no preguntaban siquiera por sus primeras incursiones con esas señoras que
mostraban el culo y las tetas en el par de burdeles del pueblo que los excitaba
a ellos que no preguntaban y entonces las jodas de rojo pasaron al negro cuando
la primera gonorrea comenzó a joderle la vida al primero de todos ellos,
alargados en sus estrecheces.

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