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Tuesday, September 08, 2015

Negro rima blanco.


Había que esperar a que se les diera las ganas a la marchantas a la verduleras que llegaban con sus carritos de mano cargadas de frutas y vegetales casa por casa había que esperarlas media mañana, hacer la guardia en la lechería para hacerse de un par de litros había que tener paciencia a Juan el carnicero hasta que preparaba todo para comenzar sus ventas todo antes del mediodía y encima había que cumplir con el trabajo y las cosas de acomodar y limpiar la casa, así que después de unos años de repartirse las tareas contrataron un par de muchachas para que las hicieran, pero con todo lo que le buscaban la vuelta cuantas veces discutían cuantas veces terminaban enredados en la cama fornicando, jadeando en intervalos breves o espaciados según lo que les duraban los momentos de calma que eran menos que los momentos de despelotes, terminaban y empezaban con los reproches los gritos los reclamos, no habían hecho una pareja que no tenían ni un sí ni un no al contrario vivían discutiendo por sus opiniones punteadas y cada desplante de él era un escándalo de ella después de todo ella también colaboraba con parar la olla y en eso él no le podía decir nada, lo único que los unía además de sus juegos secretos eran los dos vástagos que le vinieron en los primeros años y era el pretexto de ellos para quedarse juntos no agarrar las valijas por su cuenta y buscarse nuevos destinos, como el aceite y el agua de viscosidades y pesos diferentes eso eran, como la sal y el azúcar eran las opiniones y los gritos y las defensas que hacían de sus convencimientos sin ceder en lo más mínimo, tofo por ellos que los niños seguramente si hubieran podido explicarlo hubieran agradecido, aunque dijera uno blanco lo que para el otro era negro ellos estaban unidos por los niños que seguro los hubieran querido ver separados.


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