Se terminaron las palabras en
cada contorno que hacíamos en las tardes que se aparecían de golpe sin que las
planeáramos, así nomás de sopetones en siestas en ocasos que aparecían como si
fueran fogatas encendidas en los fuegos que nos consumían de ganas de hacer lo
que no debíamos lo que sabíamos que no estaba bien pero que tampoco estaba mal
porque era entre los dos un pecado entre los dos la gloria entre los dos el
fuego el remanso y el comienzo nuevamente de las ganas de estar así como
quisimos, vestidos en bolas acurrucados sintiéndonos el uno para el otro el uno
del otros de ganas de hacer aquello que no pudimos poner en palabras porque se
trata de cosas que no tienen explicaciones pero que no por esos son
inconvenientes, pero que hicimos en los abrazos con nuestras manos recorriendo
nuestro cuerpos vulnerados con escalofríos birlados orlado ornamentados reconfortantes
de temores de perder esos instantes de trampas de sentir las calideces de las
babas filtrándose por los bordes de nuestras bocas ávidas de besos de
sensaciones conocidas y repetidas pero a propósito sin que nadie nos dijera lo
que teníamos que hacer lo que estuvo mal lo que estuvo bien, se terminaron las
palabras en esas informalidades que desmoronaron las formalidades de los que
fuimos.

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