Tarde se dio cuenta
la bella que la bestia del viejo no pegaba con ella ni siquiera en la cama para
mitigarle las legítimas calenturas que se le venían pegada al otro en las
noches de invierno más que en las de los veranos después de todo ella estaba en
la plenitud y no le hubiera hecho asco a que el viejo le refregara sus manos callosas
y huesudas y algunas otras cosas más por su piel cuidada y tersa por las
profundidades superficiales por sus profundidades más profundas ella esperaba
que el otro le hiciera lo que le hacía de vez en cuando muchas menos veces de
las que ella esperaba, tarde se dio cuenta y eso marcó para las chismosas las
certezas que se había comprometido metiéndose hasta las pelotas de interesada
no más de muerta de hambre que cazó al turco con más tela en el pueblo pero no
de los acroceles y de los poplines que él otro vendía sino de la tela que a
ella le interesaba, tarde se dio claro que cuando se dio cuenta ya habían
pasado las urgencias y ella había superado los temores y aún las debilidades de
comer una sola vez en el día y las otras veces aguantarse por falta de
presupuesto en la familia digna en que la criaron, porque cuando se dio cuenta
tuvo que poner sus mejores predisposiciones sus mejores caras para acompañarlo
al veterano que además haciendo las
cuentas vivió lo suficiente como para hacérsela cruenta que ella entrara
también en los años que el otro tenía cuando se casó con ella la jovencita más
apetecible del ingenio, viejo chamuyero y millonario que había envuelto a toda
su familia antes de convencerla a ella.

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