Rápido se suben los
malandras a las prerrogativas de sus roles dentro de la historia, rápido
aprenden y se colocan sus disfraces cuando hay que gastar, rematar al otro por
los medios que fueran, jefes supervisores funcionarios de jerarquía gerentes, rápido
se entronizan para probar con los infelices que no son así ni por asomos porque
tienen otros objetivos o porque definitivamente no les interesa nada de toda la
basura que significa andar para cagar al otro como si el otro fuera una cosa
independientemente que las cosas tampoco tienen porqué ser destruidas así
porque sí, rápido se suben los malandras a pedestales que son de barro pero
enchapados en oro cosa que parecen más de lo que son para hacer que ellos se
sientan desde el vamos inmortalizados en el bronce de la posteridad que ellos
creen los recordará como lo que se sienten como lo que fueron los primeros los
que siempre hacen bien las cosas, a los que las cosas les salen siempre bien
los que nunca se equivocan los de las decisiones acertadas y la vida ordenada,
rápido aprenden los discursos y peroratas las poses las mañas con las que
mantienen sus posiciones que por lo general no son posiciones propias sino las posiciones
de otros que son sus amos invisibles otros malandras que se sienten más allá
del bien y del mal ya que los curas los dejan confesarse y comulgar los
domingos en los templos donde se perdonan estos pecados de la avaricia y la
soberbia rezando unas pocas oraciones, rápido suben como rápido bajan cuando
cumplen sus ciclo de los cuales el último es el ciclo de la vida con el que
terminan cuando comienzan sus decrepitudes cuando se dan cuenta aunque sea
tarde que la vida es una rueda que las cosas van y vienen un deja’ vu que se
repite, rápido bajan cuando sus patrones o sus herederos les echan flit y los
abandonan como a cualquier hijo de vecino aunque sus pensiones o sus
jubilaciones sean altas que las jubilaciones de los infelices que son más
felices, en esa calesita que gira para todos.

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