Todo estaba mal nada estaba bien
cada decisión una equivocación que levantaba un polvaderal de opiniones de ese
veterano que enjuiciaba todo el tiempo diciendo que no le parecía que le
parecía mal que estaba mal lo que hacía que porqué que cuándo preguntas sin
respuestas y respuestas sin preguntas, como un pajarito picoteando en la cabeza
ahuecando la cabeza del otros de los otros horadaban los cerebros de todos los
días las palabras del viejo que renegaba de todo enojado con el mundo y los alrededores
cargando contra los mártires de la casa especialmente sus hijos que no tenían
ninguna manera de escaparle, estaban por ahí descuajeringados cautivos furtivos
de esas seguidillas de denostaciones de reclamos de maldiciones de admoniciones
sobre futuros inciertos sobre mañanas pesados y fracasados de antemano de
pasados de mierda de futuros peores, delirios de loco sobre locos que se las
aguantaban porque no había escapatorias en sus tácticas de aprendices que
estaban para cumplir las obligaciones tomar todas las sopas y comerse todos los
guisos que se pusieran en las mesas y dormirse a las horas que el viejo o la
vieja dijeran, como un pajarito picoteando la saviola bajaban las indicaciones
a cada rato en todo momento de los martirios cotidianos de vivir bajo amenazas
y premoniciones de futuros que no se calculaban porque ni siquiera se
imaginaban, no había respiros lugar para respiros en esos ahogos de angustia
que eran para adentro porque los trapitos sucios se lavaban en casa para esas
procesiones de palabras que agotaban el cuerpo y la cabeza de cada mañana de
cada tarde de cada noche de cada día y que solamente se interrumpían con las
visitas, ahí lo malo para adentro pasaba el viejo a reconocerlo como bueno,
para afuera, con ellos pasaba de santo y los malos eran los que lo hacían
renegar.

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