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Thursday, September 24, 2015

Reciprocidad rima ansiedad.


No había nada, no había voces disonantes entre nosotros nadie que se opusiera no había muros impedimentos ni voces altisonantes entre nosotros, ni censuras ni censores ni tutores libres éramos y en esas libertades fuimos arrimando nuestras curiosidades, vivimos solos todas esos lances plenos solos en partidas solitarias sin contriciones de nadie sin gritos sin reclamos, no había rezos ni sermones ni amenazas de estar cometiendo pecados mortales, no había oposiciones ni fracturas ni sanciones, ella agarraba mi mano cualquiera de mis manos y las llevaba allá a ese lugar tibio entre sus piernas que yo sentía húmedo y pegajoso rodeado de una piel tensa y tersa mientras me transportaba a universos de los que no quería volver si así estaba más que bien para qué volvería a esos lugares de donde me estaba yendo que me dejaban con mis juegos solitarios en lugares aburridos que eran lugares de niños de los niños que éramos cada vez menos para ser cada vez más dos ángeles con sexo, después de eso ella ponía su mano cualquiera de sus manos entre mis piernas como si alguien se lo hubiera indicado como si lo supiera de siempre y se quedaba prendida de mis labios como si fueran despedidas que no lo eran porque terminaban en largas tardes de tertulias que no eran que no terminaban de serlo porque estábamos ahí en esos lugares para estudiar lo que nunca estudiamos porque estábamos en los paraísos que fuimos armando entre los dos sin que nadie nos interrumpiera, el mundo era nuestro en esas zozobras y no nos importaba nada si en ese mundo entrábamos.


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