En viejo eso de
viejo, permisivo y condescendiente justamente eso habían logrado los años y las
taras y las voluntades de todos los locos de la familia delirantes de
pacotillas, torcer sus resistencias sus gloriosas inolvidables resistencias a
cambiar sus gustos y travesuras por las promesas y amenazas de tener o de
quedarse sin sus dotes sin sus herencias que le correspondían de los abultados
patrimonios y de la propiedades familiares, sus resistencias que terminaron
siempre después de escandalosos exilios como si fuera el hijo pródigo en
treguas paternas de perdones que luego alguna vez a la larga se cobraron, como
fue esquivarle al servicio militar como fue esquivarle a los años aburridos en
la universidad como fue sacar pasaporte libre para ser considerado socio en las
tiradas después de las tiradas de las bolillas negras del jockey club de la
ciudad de las ciudades donde se jugaba fuerte al póquer y a la canasta que duró
hasta la primera hacienda puesta como garantía en la última noche de juego de
punto y banca de jolgorio, antes que el viejo desatara todas sus furias y
mandara sobre el no solamente sus maldiciones sino pestes varias bajo las
formas de una docena de enmiendas y de adendas de escrituras de legados
enriqueciendo a los notarios a costa de empobrecerlo a él, permisivo y
condescendientes eso habían terminado plasmando en el chocho los pasos del
tiempo durante el cual se habrá quedado sin dinero pero no sin la alcurnia sin
el pelaje de su linaje de su estirpe porque el viejo se murió antes de terminar
con sus trapisondas, los caprichitos del niño mimado del gigoló de la familia
pavoneaba el papá en mejores épocas de la flor y nata de la alcurnia
provinciana y amplia porque más o menos cada dos años se juntaba alguna platita
de las granjas de las estancias para pagarle unas semanas unos meses al señorito conociendo los burdeles más famosos
y glamorosos del planeta porque el viejo había hecho un itinerario parecido y
era lo que correspondía a todos los varoncitos del la estirpe del quebracho, para
terminar así permisivo y condescendiente con esa renegona de la Olga aguantándola
que de tanto esmerarse en cuidar a la nena la dejó para vestir santos para
siempre después del primer marido que ella misma le corrió antes de parar la
pata con el argumento que no lo merecía y después de dos retoños.

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