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Thursday, August 13, 2015

Vejez rima viudez.


En viejo eso de viejo, permisivo y condescendiente justamente eso habían logrado los años y las taras y las voluntades de todos los locos de la familia delirantes de pacotillas, torcer sus resistencias sus gloriosas inolvidables resistencias a cambiar sus gustos y travesuras por las promesas y amenazas de tener o de quedarse sin sus dotes sin sus herencias que le correspondían de los abultados patrimonios y de la propiedades familiares, sus resistencias que terminaron siempre después de escandalosos exilios como si fuera el hijo pródigo en treguas paternas de perdones que luego alguna vez a la larga se cobraron, como fue esquivarle al servicio militar como fue esquivarle a los años aburridos en la universidad como fue sacar pasaporte libre para ser considerado socio en las tiradas después de las tiradas de las bolillas negras del jockey club de la ciudad de las ciudades donde se jugaba fuerte al póquer y a la canasta que duró hasta la primera hacienda puesta como garantía en la última noche de juego de punto y banca de jolgorio, antes que el viejo desatara todas sus furias y mandara sobre el no solamente sus maldiciones sino pestes varias bajo las formas de una docena de enmiendas y de adendas de escrituras de legados enriqueciendo a los notarios a costa de empobrecerlo a él, permisivo y condescendientes eso habían terminado plasmando en el chocho los pasos del tiempo durante el cual se habrá quedado sin dinero pero no sin la alcurnia sin el pelaje de su linaje de su estirpe porque el viejo se murió antes de terminar con sus trapisondas, los caprichitos del niño mimado del gigoló de la familia pavoneaba el papá en mejores épocas de la flor y nata de la alcurnia provinciana y amplia porque más o menos cada dos años se juntaba alguna platita de las granjas de las estancias para pagarle unas semanas unos meses  al señorito conociendo los burdeles más famosos y glamorosos del planeta porque el viejo había hecho un itinerario parecido y era lo que correspondía a todos los varoncitos del la estirpe del quebracho, para terminar así permisivo y condescendiente con esa renegona de la Olga aguantándola que de tanto esmerarse en cuidar a la nena la dejó para vestir santos para siempre después del primer marido que ella misma le corrió antes de parar la pata con el argumento que no lo merecía y después de dos retoños.


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