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Wednesday, August 12, 2015

Perfección rima imperfección.



Los dientes blancos como el marfil, blancos y nacarados, sin una mancha gracias al Dr. Pérez que todo lo torpe que era se le desaparecía como por arte de magia con la nena de su amigo y vecino de toda la vida el inefable chocho, los dientes sin las encías inflamadas ni las mínimas sangrías para todo que a veces ese gordo le sacaba a los coyas cuando los atendía en el hospital del ingenio, funcionaban las sugerencias si la salida no era de Olga en estos casos era del comedido doctor que en las noches alumbradas de lunas de veranos más que de los inviernos entraba en trances de borrachos con su amigo después de la enésima picada que inexorablemente se notaba se depositaban en sus panzas infladas, los cabellos negros y lubricados los bucles azabaches y las trenzas de las semanas escolares que bajaban hasta la blanca y almidonada camisa que apenas pasaba la cintura cayendo sobre una falda corta y escocesa, sin pelos desordenados ni puntas quebradizas gracias a doña Blanca la peluquera del pueblo que la atendía personalmente a la nena cuando no estaban las mujeres de los patrones en retribución a los generosos y abundantes estipendios que pagaban sus padres, sin los mínimos y delicados vellos quemados por descuidos con los secadores imponentes como a veces les pasaba a las chismosas mujeres de los empleados que iban los sábados a la tarde por sacar el cuero nomás a las que no estaban y ni se enteraban lo que la otra les hacía, todos sumaban a la extrema belleza de la doncella que crecía atravesada por las poses mandonas de una mamá que la quería perfecta y un papá que más que denostarla la consentía y le soplaba al oído que no se preocupara que cualquiera es imperfecto.

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