A caballo regalado no se le andan
mirando los dientes, la minita lo esperaba y el encaró en la penumbra
trastabillando, quién iba a andar con protocolos en una noche de lascivias y
las libidos aletargadas de vino de tres cuartos de más de veinte dólares la
botella o las botellas mejor dicho puestas en la mesa de la madrileña el mejor
boliche de los boliches de moda con comida generosa de primera y a buen precio,
quien iba a andar con tantas vueltas después de las propina correspondientes a los mozos primero después a
los conserjes a los mudos y maricas conserjes del hotel reservado que bajo la cuerda algunos hacen de celestinas, por traerle a la
pendeja decirle que se bañe y que espere en las penumbras en las mismas
penumbras donde la puso a que se la chupe y la penetró varias veces hasta casi
la madrugada sin que la otra se quejara en medio de los gemidos que le sacaban
las penetraciones que disfrutaba, quién le iba a decir cuando comenzó a irse la
resaca quien iba a explicarle al galán que se terminó fornicando a la sobrina
directa que andaba puteando sin que su papá lo supiera, quién iba a explicarle
a su hermano a su propio hermano que lo hizo sin querer que se
la montó sin reconocerla y que la otra estaba cachonda.

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