Con las historias
propias eran puntillosos y jodidos y con las historias ajenas parecían más
condescendientes pero era en realidad que no les importaba nada si los demás
chocaban con sus problemas y sus miserias en esos casos miraban para otro lado
con las miserias propias alcanzaba y sobraba, las cosas de los grandes para los
grandes y las cosas de los chicos para los chicos, que los chicos no tienen que
meterse en las conversaciones de los grandes que los grandes no tienen que
andar mezclándose con los chicos que el que se acuesta con u n chico amanece
mojado, que de esas cosas no se habla delante de los niños y que las niñas no
tienen que dejarse manosear ni siquiera conversar con hombres que son los
señores, llenos eran los hermanos, de pruritos frases triviales huecas vacías y
repetidas, de prejuicios que traían de sus ancestros inmediatos y los hacían
respetar a rajatablas con sus párvulos y sus mujeres porque al final dependía
de ellas que los otros tuvieran buenos modales, y guardaran las respectivas
composturas en la mesa y en las reuniones familiares y más en las que
involucraban a unos cuantos cada vez que se les ocurría sacarse una foto o
reunirse por u n motivo cualquiera, con las historias propias fueron así de
puntillosos con las ajenas nada, hasta el día que el conserje de un hotel de
primera a uno de ellos en medio de una mama y las penumbras del sucucho en el
que aletargado estaba le metió una chica de cita que resultó la sobrina la hija
del hermano que aunque niña hacía prostitución en una aldea cercana.

No comments:
Post a Comment