A las cansadas la terminaron
llevando después de la veda que se había impuesto a sí misma cuando perdió la
batalla con el pretendiente de mierda que la nena había elegido para que le
quite todo lo que ella le había dado y que con esmero se lo había cuidado
desmesuradamente toda la vida, desde las uñas hasta las pestañas, desde los
efectos de los granitos del acné hasta la marcas de las vacunas en los brazos
ingeniando pócimas y elixires mágicos que actuaban sobre la niña volviéndola
cada vez más bella y primorosa, infinidad de cosas que le había cuidado en
forma permanente especialmente la virginidad, que ese comedido de mierda tendría
de su `pequeña sin que ni siquiera mencionara la dote ni nada que pusiera a
cambio de tan preciado tesoro y la familia había brillado por su ausencia, bajo
protesta levantó la veda que bajo la forma de un aislamiento que molestó a
todos durante los dos últimos meses accedió a llegarse hasta el registro civil
con la promesa de no andar armando los escándalos que armaba con frecuencia,
emperifollada salió apurada la tía Olga el día de la ceremonia anterior a la
iglesia y a última hora refunfuñando con el chocho que se le reía por la
cantidad de revoque que necesitaba para disimular el paso de los años en las
comisuras de su cara, muy enojada había estado con su doncella aunque ella
sabía muy bien que no eran ni parecidas ni diferentes, que no eran
contrapuestas, que su niña por algo habrá elegido a esa bazofia y que a la
larga volvería con ella, a lo mejor lo mismo que ella le vio al chocho su
esposo cuando se lo llevó para su casa, fornicación plena a todo trapo cuando
se trataba de andar buscando embarazos.

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