A la tía Elsa la pendeja le vino
a tirar los sueños de golpe, la hippie que no le daba ni cinco de bola cuando
ella la aconsejaba, ella que se había esmerado desde que se dio cuenta de cómo
eran las cosas cuando su mamá le comenzó a contar sobre qué quieren y qué buscan
los hombres y con las formas que hay de buscarse un buen marido que además de
fornicar ponga un buen apellido y trabajo para parar la olla en la casa no que
saliera un tilingo como el abuelo que se timbeó la fortuna de la familia en el
jockey, a la tía la pendeja le jodió la vida porque había hecho todos los
deberes para andar tranquila después de alzarse con uno de los ingenieros
jóvenes que volteaban quebrachos en el monte de la ciudad de las ciudades para
montar las vías de ferrocarril un francés rubio y demacrado que se quedó con
ella para siempre y hasta que la pendeja irrumpió con sus pelotudeces de un
mundo más justo que los pobres y los curas tercermundistas, todo marchaba de
maravillas, hasta la obediente de la hija mayor que iba como por un tubo en sus
estudios universitarios, caprichosa y desobediente la segunda niña le salió de
armas tomar y andaba mezclada con los profesores pesados y los del centro de
estudiantes que hacían discursos y de tira bombas en contra del brujo que lejos
allá donde gobernaba daba y temaba con la viuda del viejo líder ya muerto, a la
tía la pendeja le tiró los sueños por la borda del titánic que ella misma se
había tomado el trabajo de ir navegando cada día, pero así y todo cuando la
llamaron los chismosos que le dijeron que la niña estaba detenida en la central
de la policía por averiguación de antecedentes por esos milicos de mierda, se
fue a mover cielo y tierra con los parientes influyentes hasta que el más
influyente de todos sus pariente el que llegaba a los altos mandos le dijo que
tuviera paciencia que esperara que tal vez se la devolvían pero que tal vez no
que se resignara que no anduviera preguntando demasiados que se aferrara a los
curas y que no se hiciera muchas ilusiones que la nena estaba hasta las manos,
a la tía la pendeja le cagó la vida pero se dio cuenta que la pobre había
quedado sola.

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