El mismo curita le
había aconsejado hacer lo mismo que la tía hacía todos los miércoles
indefectiblemente quince minutos después de las cinco de la tarde somnolienta
después de la siesta a veces eructando todavía por los efectos de los atracones
de los almuerzos que le preparaba al marido pero que también ella deglutía con
hambre ansiedad y angustia día tras día, meter violín en bolsa mientras le
contaba la mitad de los pecadillos que había hecho durante la semana eso le
había dicho como le decía siempre las cosas cuando no la bajaba de mija y le
repetía que los trapitos sucios hay que lavarlos en casa y que no hay porqué
andar ventilando todo por ahí, y así el sotanudo en unos minutos la bendecía le
daba las penitencia y absuelta de sus pecados veniales más que de sus pecados
mortales el domingo la tía comulgaba el otro volvía a sus tareas en las
sacristías de las dos parroquias que atendía y ella a seguir con los menesteres
de la casa y las chusmas en el almacén de la esquina, él nomás le había dado la
idea de no andar ventilando demasiado si lo que hiciera lo hacía en nombre de
la divina misericordia y de las compasiones respectivas así eso significara
algunas triquiñuelas que seguramente no eran pecados que dios considerara y
entonces ella había hecho una interpretación propia de esas sugerencias
entonces cuando entraba al confesionario le contaba las cosas más sencillas
como las peleas por nimiedades con el otro pesado que la tenía cansada, pero no
las más molestas como eso de andar haciendo de celestina para que dos de sus
hermanos menores guampearan a sus mujeres respectivas con sendas amantes que
eran íntimas de ella de la época de su escuela primaria, los otros les ponían
los cuernos a sus mujeres con las comedidas de ella y para ella esas cosas no
contaban no estaban entre los pecados mortales y entonces pedía sus
unciones.

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