Delegaciones enteras llegaban
desde lugares adalides con los derechos humanos y eran plazas de hoteles que se
pedían en el jardín de la república, plazas atestadas de burócratas con
viáticos altos que no servían para nada, en hoteles cinco estrellas o sucuchos
que no daban abasto, para alojamiento y en la demanda de cabinas desde donde
esos señores de traje y escuálidos enviaban teletipos a sus lugares de origen
diciendo que no pasaba nada teletipos favorables a las autoridades, que había
gente que contaba con amigos y parientes desaparecidos pero que lo contaban
nomás y que no tenían más pruebas que la propia palabra y que ya se sabía que
había que creerle a uno o a otro que era palabra contra palabra y que los que
mejor vestidos estaban era para darles fe en cambios a los otros pobres y desalineados vaya a saber si estarán mintiendo o
haciéndose las víctimas que además les dicen a los otros desalineado pero
después hablaban maravillas de cómo gobernaban los del proceso de la
reorganización nacional, en las calles todo funcionaba normal, que un general
era el gobernador de facto pero que la gente lo adoraba porque les sacaba a los
ricos y se lo daba a los pobres y les hacía cortar el pelo a los piojosos de
los jugadores del atlético para entrar a la cancha, que solamente había
vigilancia militar porque era la forma de proteger a la gente de lo que algunos
contaban eran los ataques de las guerrillas cagona que se escondía en los
montes porque les pasaban por encima a los coyas que venían a las cosechas, que
no se veían muy seguido, esos eran los mensajes escritos en agujeros de códigos
binarios que en algún lugar interpretarían otros burócratas para hacer informes
a burócratas con viáticos.

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