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Thursday, August 27, 2015

Apuros rima desesperaciones.



El tedio las atravesaba de la misma manera que las atravesaban sus urgencias sus sueños no confesos sus anhelos, y cada una los manejaba como podía para no embarrar ni embarrase y perder en la movida, a las dos les convenía y no iban a andar dando marcha atrás en sus propósitos, mufadas pero así y todo las porfiadas mantenían testarudas las composturas de esa asociación a regañadientes después de eso saldrían favorecidas ambas, la vieja que empezaba temprano en la madrugada con los ruidos en la cocina para preparar el mate que apenas probaba, y arrastrando las chancletas por todos los rincones de la casa como si no le importara hacer ruido como si inexorablemente se perdiera o perdiera la memoria que le volvía con ese cúmulo de mañas que mitigaba sacudiendo el batón en los veranos perdiendo el tiempo con el cinto del salto de cama en los inviernos, la niña que después de unas zamarreadas se sentaba en el borde de su cama a esperarla a la otra para que comenzara de una buena vez con todas las rutinas de todos los días que era pasar por sus manos y fijarse que lo largo y la suciedad en sus uñas no fueran o fueran menores, revisar los vellos de brazos y piernas peinar con rodetes y trenzas que se inventaban todos los días para que los chismosos del colegio no anduvieran con sus cuentos de que andaba desprolija, esos eran sus apuros, los de la vieja desesperada con que la niña le termine el secundario y consiga un marido que la mantenga como corresponde a una señora, los de la niña desesperada conque la vieja la consintiera que la dejaba hacer zaguán con los noviecitos que la visitaban, sacarse las calenturas.

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