Las noches se alargaban sin
sentido de pronto más de la cuenta más de las cuentas con ese único motivo, los
tipos urgidos ungidos transpiraban transportados como testigos falsos esperando
que ella terminara con las volteretas volaban incendiados feos y pintados, petiteros
cajetillas pintudos petizos altos flacos
y gordos, demasiado habían hecho con seducciones costosas y piropos pasados de
moda como para estar con esas amansadoras en el telo con lo que la hora costaba
para dar con apuros un polvo, para llevarse al final unos pequeños y ordinarios
jabones y un par de champús de segunda marca, lo tipos temblaban sin saber si
voltearla o ayudarla para que terminara más rápido, mientras ella, acomodaba
con parsimonia los corpiños recuperados en sus concavidades sobre un pedazo de
la superficie de la cómoda, la minifalda con tablitas doblada con esmero
cuidadosamente acomodada sobre la silla su blusa la medias de licra los aros
los colgantes y las pulsera, antes que los abrazos antes aún que los roces de
calentura, de la propia calentura y la del caballero consorte, pulcra y
meticulosa la dama se tomaba todos los tiempos que le venían en ganas para
desnudarse prolijamente, después al último era la que más disfrutaba, ellos con
eyaculaciones precoces, allá ella aprovechaba esas urgencias para masturbarse
lenta y disimuladamente.

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