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Sunday, July 12, 2015

Tristes rima alegres.




Afuera quedaba la luz roja que en la calle indicaba la entrada y adentro unos cuantos anaqueles en la sala y las lucecitas amarillas que le daban a las cuatro paredes de los cuchitriles el halo de calidez que ellos buscaban pasmados apenas se les pasaban sus resacas de wiskis ordinarios o licores de menta para poder hacerlo sin pasar la vergüenza en rubores de siempre que las otras ni notaban y era que terminaban escuchando el reclamos de ellas que tanto lío para terminar tan rápido,  sin tinos por sus ignorancias y sus temores de hacer lo que no debían con lo que más deseaban en el mundo que era zambullirse en esos pliegues sin armonía de las cinturas de las ninfas descansar en esos pechos inmensos aunque fueran fuertes los olores que deambulaban por las nubes invisibles de esos universos sin corrientes que airearan el cuarto donde ellas lo hacían varias veces en la noche, afuera quedaban las lloviznas persistentes de los inviernos inclementes las hijas desparramadas por vientos de otoños y adentro esas lucecitas amarillas que disimulaban las mugres en las sábanas de las catreras y los juegos de toallas amarillentas que ellos no iban a ver entusiasmados porque ellas los dejaban pasar sus manos por nalgas inmensas enfundadas en bombachas con puntillas que ni siquiera se sacaban con ellos porque ellos andaban descubriendo lo que no conocían entre penumbras y los ritmos de los tres borrachines de la orquesta que mezclaban mambos y tangos para empalagarlas a ellas y ellos para que lo hicieran todas las veces que fuera posible porque ahí estaban sus ganancias, a ellos se les pasaban las tristezas con las alegría de ellas y a ellas las alegrías de días con sus propias tristezas de hacerlo aunque no tuvieran las ganas. 

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