Y ella le decía por qué no se
hacía el pícaro con la mojigata de su mujer con la mosquita muerta esa a ver si
lo dejaba que se la ponga por atrás como ella lo dejaba a ver si se la chupaba
como ella se la chupaba que le daba todo eso que le daba con todos los gustos
con todo lo que le pedía cada vez que la venía a ver dos veces en la semana y
no se acordaba más ni siquiera para traerles una florcita choreada de algún
jardín a la pasada le reclamaba que era un ingrato que era un desagradecido con
todo lo que ella le daba cada vez que se encamaban, y ella le decía en medio de
las fornicaciones en murmullos que sonaban a cariños desbordantes y en susurros
que parecían devociones rebosantes que porqué a ella a esa bruja ponzoñosa él
le daba de todo que seguro ella se hacía la otaria la cansada cuando él le pedía y cuando venía
lo único que quería era manosearla en los rincones y bajarle los lienzos cada
vez que le venían las ganas y le reconocía que también a ella le venían las
ganas y que por qué se aprovechaba y que no le reconocía todo el amor que le
profesaba porque le permitía que se lo haga sin forros y entonces ella tenía
que andar cuidándose con inyecciones o con pastillas que le daban los doctores
amigos, porque cuando le decía que tenía un retraso él se enojaba que era lo
único que conversaba con ella cuando no estaban haciéndolo, y ella le decía por
qué no se separaba y se venía a vivir con ella así podían estar con eso todo el
día, con todos los que ella le daba sin que él pusiera nada, no como su mujer
que se hace la santita y ya va por el sexto por eso no lo dejaba que bien lo
tenía que estar haciendo mucho con ella que le devolvía poco, y ella le decía
qe no le mienta que no se haga el vivo porque esos o eran los hijos del
espíritu santo.

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