Y así de golpe y así de un día
para otro de la noche a la mañana se les cambió toda la vida a los hermanos que
tuvieron que dejar el bulín en el jardín de la república y volver a casa a
trajinar con la vieja y todos los menesteres de ellos mismos que al final eran
unas guaguas más ella que había quedado abruptamente sola por el ataque
fulminante que derrumbó al viejo, y así nomás en los albores del operativo
independencia tuvieron que dejar los estudios universitarios que apenas
empezaban y hacerse cargo de los negocios del papá con el ingenio que
progresaban en cada zafra con el acarreo de la cosecha del surco a los
trapiches las veinticuatro horas del día los ciento ochenta días del año de
todos los años cosecha tras cosecha, en paquetes que armaban los coyas con las
cadenas de los java que se ponían sobre los remolques que completaban el
Decauville, envolturas con las cañas que quedaban como inmensos ruleros a la
vera de los cientos de surcos brotados hasta que los levantaban con las grúas
montadas sobre tractores, y así de golpe tuvieron que dejar a sus amigos a
expensas de los allanamientos que los otros hacían esos perseguidos de mierda que
veían zurdos por todos lados exagerados que jodían con el documento de
identidad de memoria y trabajaban con los vendidos de los centros de
estudiantes y de los consejos académicos que antes que los tildaran a ellos
mismos les entregaban las listas de los que ellos creían que eran aunque no
fueran admiradores del barbudo de Marx, porque al final con los líos que había nadie
confirmaba ni negaba nada, y así de golpe de la noche a la mañana los hermanos se
fueron haciendo panzones por las vidas sedentarias que comenzaron a tener con
los patrimonios que se les fueron abultando con el laburo que todo eso les
daba, aunque no faltó quien dijera las malas lenguas los lengudos, que tan
buenos no eran como parecía que eran buenos para andar haciendo plata, que entonces
los habían llamado de la administración para confirmarle que les renovaban los
contratos firmados con el viejo y de paso les pidieron el favorcito de decir
cuáles de todos los de la barra eran los más pesados, y ellos renegando
derraparon yéndose de boca.

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