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Monday, July 13, 2015

Buenos rima malos.


Y así de golpe y así de un día para otro de la noche a la mañana se les cambió toda la vida a los hermanos que tuvieron que dejar el bulín en el jardín de la república y volver a casa a trajinar con la vieja y todos los menesteres de ellos mismos que al final eran unas guaguas más ella que había quedado abruptamente sola por el ataque fulminante que derrumbó al viejo, y así nomás en los albores del operativo independencia tuvieron que dejar los estudios universitarios que apenas empezaban y hacerse cargo de los negocios del papá con el ingenio que progresaban en cada zafra con el acarreo de la cosecha del surco a los trapiches las veinticuatro horas del día los ciento ochenta días del año de todos los años cosecha tras cosecha, en paquetes que armaban los coyas con las cadenas de los java que se ponían sobre los remolques que completaban el Decauville, envolturas con las cañas que quedaban como inmensos ruleros a la vera de los cientos de surcos brotados hasta que los levantaban con las grúas montadas sobre tractores, y así de golpe tuvieron que dejar a sus amigos a expensas de los allanamientos que los otros hacían esos perseguidos de mierda que veían zurdos por todos lados exagerados que jodían con el documento de identidad de memoria y trabajaban con los vendidos de los centros de estudiantes y de los consejos académicos que antes que los tildaran a ellos mismos les entregaban las listas de los que ellos creían que eran aunque no fueran admiradores del barbudo de Marx, porque al final con los líos que había nadie confirmaba ni negaba nada, y así de golpe de la noche a la mañana los hermanos se fueron haciendo panzones por las vidas sedentarias que comenzaron a tener con los patrimonios que se les fueron abultando con el laburo que todo eso les daba, aunque no faltó quien dijera las malas lenguas los lengudos, que tan buenos no eran como parecía que eran buenos para andar haciendo plata, que entonces los habían llamado de la administración para confirmarle que les renovaban los contratos firmados con el viejo y de paso les pidieron el favorcito de decir cuáles de todos los de la barra eran los más pesados, y ellos renegando derraparon yéndose de boca.


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