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Cuando llegaron los tiempos en
los que el atlético anduvo en la primera todos en el pueblo lo quisieron al
loco Keiruz que los entrenaba a los muchachos y que además los acompañaba en las
jodas que a cada rato les armaban las mujeres aburridas de los jefes aburridos
y chupamedias del ingenio que se las pasaban arrastrados en oficinas
desinfectadas cumpliendo las ordenes que les llegaban por el gringo del doctor
que caía dos veces al mes y que con las planillas que les pedía y los legajos
que quería ver les descalabraba los programas que tenían con sus mujeres y
entonces ellas hembras calentonas organizaban cenas pantagruélicas para ese
equipo que funcionaba como ningún otro en la cancha y también en los lechos de
cuchitriles improvisados donde los jugadores se las trincaban a la otras que
después volvían descontracturadas y con una sonrisa a sus casas, cuando
llegaron los tiempos que les ganaban como visitantes o como locales a los
mismísimos boca y ríver y las damas despechadas organizaban quermeses para
juntar para los pobres y con eso merecer las indulgencias y los perdones a sus
pecados mortales por parte del cura del pueblo todos lo quisieron al loco
Keiruz que venía de ser el DT de un equipo de Prediliana que se fue al descenso
y por lo tanto sin un mango en el bolsillo para mantener a su prole, pero
cuando llegaron los tiempos que desde casa central bajaron el pulgar y llegaron
las instrucciones de parar con el futbol y al loco le ofrecieron cambiar el
trabajo de entrenador por otro con mejor sueldo como para hacerse rico de un
santiamén, para comandar los grupos de tareas de civiles que por las noches colaboraban
con los milicos persiguiendo los zurdos que pululaban en el pueblo en
consideración que había sido un gendarme con buenas fojas, todos lo que antes
lo querían le cortaron el rostro.

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