Lo pusieron en carpetas elegantes que
llevaron a las reuniones de directorio a todas las reuniones de directorio
donde tuvieron que explicar una y otra vez las nuevas decisiones los arreglos
con los del gremio los arreglos con los del ministerio de trabajo, en pulcras
carpetas que caerían en las pulcras y cuidadas manos de pulcros directores en
la antesala de las próximas reuniones de los accionistas también pulcros que
eran los mismos pulcros directores con unos cuantos parientes más con las
extensiones de los curros y patrimonios pasados con las herencias, lo pusieron
en pulcras carpetas manipuladas por pulcras secretarias que como sus pulcros
jefes el domingo anterior comulgaron en pulcros altares de pulcros parroquianos
recibiendo las bendiciones de pulcros curas que ni se enteraban de eso
entretenidos como estaban entusiasmados en sus púlpitos en convencerlos de lo
que ellos ya estaban convencidos acostumbrados como estaban a los mangazos de
la chusma del ingenio que siempre tenía algo para pedir, lo pusieron en pulcras
palabras y letras pulcras de cartas arial doce y hojas a cuatro redondas y dibujadas como símil
perfecto de letras de caligrafía con pluma y tinta china, lo pusieron en tablas
perfectas y en gráficos de barras y de líneas que mostraban claramente lo que
iban diciendo en sus pulcros discursos los pulcros gerentes que tuvieron que
dar los pulcros detalles de cómo había que despedir a más de quinientos
infelices que se habían contratado cuando montaron la última fábrica, lo pusieron
en carpetas elegantes a todo ese paquete que negociaron con el pulcro juez
pertinente que se llevaba buena tajada una suculenta porción de la torta de
arreglar por su cuenta y con todo el dinero que le depositaron en su cuenta, con
los groseros e iracundos obreros, en nombre de los pulcros de la empresa.

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