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Friday, July 24, 2015

Reunión rima desunión.


De un día para otro resultaron todos cursillistas puntuales porque por lo menos por allá por el ingenio cuando al administrador y a su señora esposa se les puso que tenían que hacer charlas sobre los evangelios todos empezaron a anotarse en el grupo que se reunía puntualmente todos los miércoles después de la siete de la tarde, todos los sábados a las cinco de la tarde religiosamente después de la siesta como no podía ser de otra forma con los calores infernales que apenas menguaban dos ventiladores gigantes que el cura Keyner mandó a comprar urgente cuando le informaron que el jefe de las fábricas ocuparía el salón de la parroquia dos veces por semana, sin imaginarse la cantidad de chupamedias que cada vez que se reunían aumentaba exageradamente el tamaño de esa cofradía de colores que repasaba a Juan, a Mateo, a Lucas en sus versículos numerados que contaban de las bienaventuranzas de El de las parábolas de las infinitas parábolas, de cómo ellos mismos los cursillistas de colores que andaban en parejas de mojigatos eran parejas de padres ejemplares y mejores empleados, que escarbaban minuciosamente esas virtudes en las liturgias que los justificaban gracias a las interpretaciones del padrecito ayudante y al poco tiempo que llevaba de egresado del seminario así que se acordaba todas las referencias, todos cursillistas resultaron primero empezaron la mayoría de los jefes de departamentos y los jefes de secciones que se sintieron obligados porque los jueves o los lunes siguientes a los días de reuniones directa o indirectamente recibían instrucciones laborales que por las ausencias terminaban en observaciones a la falta de colaboración o compromiso con las inquietudes del grupo que tenían que ver primero con las charlas y el cumplimiento de de los sacramentos y de los preceptos que mostraban a los demás los empleados y los obreros de menor rango que había que cumplir con las condiciones del buen cristiano del buen samaritano de no andar como los zurdos hablando mal de la empresa, con eso primero y después con la caridad solamente las vísperas de navidad cuando iban a los lotes para sacarse las fotos con los coyas que recibían con sus beneplácitos también de genuflexos cajas muy bien presentadas y de alimentos no perecederos, y de juguetes que entregaban a sus niños con los ojos vidriosos por las lágrimas contenidas.


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