De un día para otro
resultaron todos cursillistas puntuales porque por lo menos por allá por el
ingenio cuando al administrador y a su señora esposa se les puso que tenían que
hacer charlas sobre los evangelios todos empezaron a anotarse en el grupo que
se reunía puntualmente todos los miércoles después de la siete de la tarde,
todos los sábados a las cinco de la tarde religiosamente después de la siesta
como no podía ser de otra forma con los calores infernales que apenas menguaban
dos ventiladores gigantes que el cura Keyner mandó a comprar urgente cuando le
informaron que el jefe de las fábricas ocuparía el salón de la parroquia dos
veces por semana, sin imaginarse la cantidad de chupamedias que cada vez que se
reunían aumentaba exageradamente el tamaño de esa cofradía de colores que
repasaba a Juan, a Mateo, a Lucas en sus versículos numerados que contaban de
las bienaventuranzas de El de las parábolas de las infinitas parábolas, de cómo
ellos mismos los cursillistas de colores que andaban en parejas de mojigatos
eran parejas de padres ejemplares y mejores empleados, que escarbaban
minuciosamente esas virtudes en las liturgias que los justificaban gracias a
las interpretaciones del padrecito ayudante y al poco tiempo que llevaba de egresado
del seminario así que se acordaba todas las referencias, todos cursillistas
resultaron primero empezaron la mayoría de los jefes de departamentos y los
jefes de secciones que se sintieron obligados porque los jueves o los lunes
siguientes a los días de reuniones directa o indirectamente recibían
instrucciones laborales que por las ausencias terminaban en observaciones a la
falta de colaboración o compromiso con las inquietudes del grupo que tenían que
ver primero con las charlas y el cumplimiento de de los sacramentos y de los
preceptos que mostraban a los demás los empleados y los obreros de menor rango
que había que cumplir con las condiciones del buen cristiano del buen
samaritano de no andar como los zurdos hablando mal de la empresa, con eso primero
y después con la caridad solamente las vísperas de navidad cuando iban a los
lotes para sacarse las fotos con los coyas que recibían con sus beneplácitos
también de genuflexos cajas muy bien presentadas y de alimentos no perecederos,
y de juguetes que entregaban a sus niños con los ojos vidriosos por las
lágrimas contenidas.

No comments:
Post a Comment