Hasta los niños
bailaban de a ratos como los grandes que no paraban más que para tomarse unos
tragos hidratarse y seguir con las rondas el paso doble y sus malabares, turututotú
turututotú turututo tú, todos los doce de octubre si caían sábado o todos los
sábados inmediatos antes o después del doce de octubre todos los años de cada
año empezaban de la misma manera las fiestas de gala en el club recreativo,
añares de la misma manera puntual a las nueve de la noche Jorge Ardú calzado en
un frac despampanante y bien planchado de perfil a la pista de baile donde
relojeaba el efecto que los ritmos que iba proponiendo producían sobre la
nutrida concurrencia del pueblo que se descolgaba de a docenas en mujeres y
hombres que se tiraban el ropero encima apenas escuchaban desde sus casas los
más atrasados porque en pueblo chico infierno grande se escuchaban los ritmos
en todos los rincones, movía sus manos y sus brazos acompasando como director
que era de su gran orquesta y se comenzaban a escuchar los primeros arpegios del
tico tico no fubá, los efectos rítmicos de
los platillos de su batería los sonidos de dos trompetas coordinadas con el
piano los bajos acordeones y acordeones a piano, todos los doce de octubre puntuales
a las nueve de la noche las primeras parejas se descostillaban se deslomaban en
la pista del centro y en dos pistas más pequeñas en las galerías laterales para
ver cuál o quién bailaba mejor y para no perderse un minuto de esa festichola
que terminaba inexorablemente a las cuatro de la mañana como mucho a las cuatro
y media, de acuerdo a lo que el ingeniero se ponía de acuerdo con el cura
Keiner que pedía también en las vísperas de cada doce de octubre que festejen
nomás pero sin olvidarse del recato para su grupo de fieles que con las
campanas de las siete de la mañana del día siguiente caían a la primera misa, tico
tico no fubá todos los doce de octubre fueron lo mismo por años hasta que
llegaron los amargados de los milicos y el toque de queda, que como le dijo el
mayor Arenas a los organizadores dejaba sin efectos los permisos de antes y los
que vinieran que a ellos les tocaba bailar con la más fea, que había que hacer
fajina su baile que había que tener bien entrenados a los gendarmes a la
policía y la pequeña brigada del ejército
que habían mandado para erradicar los zurdos del ingenio, y que eso empezaba a
la madrugada más o menos a la misma hora que los otros terminaban su baile del
doce de octubre.

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