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Saturday, July 25, 2015

Bailes rima fajinas.



Hasta los niños bailaban de a ratos como los grandes que no paraban más que para tomarse unos tragos hidratarse y seguir con las rondas el paso doble y sus malabares, turututotú turututotú turututo tú, todos los doce de octubre si caían sábado o todos los sábados inmediatos antes o después del doce de octubre todos los años de cada año empezaban de la misma manera las fiestas de gala en el club recreativo, añares de la misma manera puntual a las nueve de la noche Jorge Ardú calzado en un frac despampanante y bien planchado de perfil a la pista de baile donde relojeaba el efecto que los ritmos que iba proponiendo producían sobre la nutrida concurrencia del pueblo que se descolgaba de a docenas en mujeres y hombres que se tiraban el ropero encima apenas escuchaban desde sus casas los más atrasados porque en pueblo chico infierno grande se escuchaban los ritmos en todos los rincones, movía sus manos y sus brazos acompasando como director que era de su gran orquesta y se comenzaban a escuchar los primeros arpegios del tico tico no fubá, los  efectos rítmicos de los platillos de su batería los sonidos de dos trompetas coordinadas con el piano los bajos acordeones y acordeones a piano, todos los doce de octubre puntuales a las nueve de la noche las primeras parejas se descostillaban se deslomaban en la pista del centro y en dos pistas más pequeñas en las galerías laterales para ver cuál o quién bailaba mejor y para no perderse un minuto de esa festichola que terminaba inexorablemente a las cuatro de la mañana como mucho a las cuatro y media, de acuerdo a lo que el ingeniero se ponía de acuerdo con el cura Keiner que pedía también en las vísperas de cada doce de octubre que festejen nomás pero sin olvidarse del recato para su grupo de fieles que con las campanas de las siete de la mañana del día siguiente caían a la primera misa, tico tico no fubá todos los doce de octubre fueron lo mismo por años hasta que llegaron los amargados de los milicos y el toque de queda, que como le dijo el mayor Arenas a los organizadores dejaba sin efectos los permisos de antes y los que vinieran que a ellos les tocaba bailar con la más fea, que había que hacer fajina su baile que había que tener bien entrenados a los gendarmes a la policía y  la pequeña brigada del ejército que habían mandado para erradicar los zurdos del ingenio, y que eso empezaba a la madrugada más o menos a la misma hora que los otros terminaban su baile del doce de octubre.

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