Las medias stretch
impecables y blancas hasta las mismas rodillas paspadas por el frío penetrante
de julio y por los raspones de jugar arrodillados buscando los trompos cuando
terminaban sus giros de trompos dormidos, lanzados en los descansos de las
tardes de catecismo cuando no se les entendía nada a los ayudantes del cura
Keyner con insomnios de las siestas como los insomnios de los trabajadores
somnolientos que entraban a las fabricas, los zapatos blancos con lenguas
blancas y cordones blancos, como zapatos blancos y otros enseres y suvenires de
compadritos y tangueros plantados de golpe en los recodos de la iglesia de
nuestra señora del Rosario adonde llegaban poco a poco todas y cada una de las
vecinas que se acercaban a chismear por los pecados conocidos y desconocidos de
los niños que la emprendían por primera vez además los pecados de sus
progenitores que corrían como reguero de pólvora por todo el pueblo en boca de
esas mismas viejas y de los guampudos con lenguas largas y astas también largas
esas cornamentas mientras ellos cumplían a rajatabla los turnos para cobrar sin
descuentos, blanco todo y todo haciendo juego esperando las comuniones las
propias comuniones y las comuniones de los otros niños vestidos de forma
parecida, la camisa blanca y el saco blanco el blanco saco elegante adornado
con un brazalete también de un blanco impecable con un frunce con la cara de
Jesús bordada seguramente por algunas de esas mismas mujeres que rezaban y
arreglaban los flecos de esos mismos y distinguidos brazaletes y cuchicheaban
todo al mismo tiempo, blancos los pantalones cortos y blanco el símil de nácar
de las tapas de las miniaturas de evangelios que no se leían para llevar en las
pequeñas manitos junto a rosarios blancos también como la ropa de los niños
como las vestimenta de las niñas que tendrían sus historias de angelitos
inocentes y puros, al revés de sus mayores que deambulaban con sus niños con
ellos en sus primeras comuniones aunque algunos tuvieran un pasado negro y se
lo guardaran en secreto aunque fuera secreto
voces a todas las voces de los chismes del pueblo, bastante negro, tan
negro que enervaban al sacerdote que le sacaban al cura el alemán que llevaba
adentro.

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