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Thursday, July 16, 2015

Cortejos rima chupamedias.


Tilingo, decía de alguien y todos repetían como si estucieran en cuclillas, tilingo, decían como en los aleluyas se ufanaban todos los que estuvieran cerca, mentecato, agregaban los obsecuentes buscando con rapidez los seudónimos que confirmaran las sentencias del ingeniero que eran sucintas cuando largaba una de esas frases matadoras los chupamedias las aprobaban cayera el que cayera que eran muchos en el pueblo los que caían en desgracia porque se le daba la gana al patroncito que venía una vez cada quince días a ver cómo andaba esa caldera del diablo, nadie se animaba a o desmentirlo a desmentir la sentencia lapidaria con ningún argumento, nadie decía esta boca es mía cada vez que venía la cosa con un epíteto terminaba en un despido con justa causa o en un buen arreglo pero con el tipo en la calle para que se fuera a buscar empleo adonde quisiera menos en el ingenio o sus alrededores porque los condescendientes entendían todas las señales del capo entonces agarraban los teléfonos y los teletipos por su cuenta y lo incendiaban al pobre diablo allá donde pudieran, para que aprendiera que no se muerde la mano del que da de comer, desde el gringo al chofer del carabela que usaba la empresa para los viajes a la tacita de plata con los trámites del día cuando eran las cosechas por los contratos de los coyas en los recesos para reponer las existencias en la fábrica de cosas que se usaban en las caldera, díscolo, repetían todos al unísono, turbulento de lleno de tener la panza colmada de asados y cervezas y la cabeza desviada para atender a cualquier pelotudo que caía con un nueva para hablar mal de la empresa, revoltoso, si el ingeniero lo decía una andanada de epítetos inundaban el aires en la administración del ingenio, y todos se preparaban para matar al mensajero.


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