Con una mano atrás y otra
adelante había llegado el contador y el tesorero de la empresa pero al poco
tiempo juzgaba, prejuzgaban y sojuzgaban a los pobres infelices de los
empleados que no tenían escapatorias porque en el pueblo se trabajaba en el
ingenio o se trabajaba en la municipalidad como parásito donde pagaban sin
contraprestaciones, o no se trabajaba en ningún lado más y entonces toda la
chusma se enteraba porque pueblo chico infierno grande se hacía difícil pasarla
en las ardes en el recreativo jugando unos trucos o en el club social siguiendo
los juegos de bochas de los viejos que se juntaban, con una mano atrás y otra
adelante una valija de cuero vieja y gastada con unas pocas pilchas adentro los
enseres de higiene y un par de pantalones y un par de camisas apenas impecables
como para causar buenas impresiones a primera vista al jefe de personal el
gringo que ataba y desataba toso los entuertos en el ingenio, había llegado el
contador un poco antes que su ayudante el tesorero y ya se animaban a cumplir
con la ordenes que les bajaban de casa central de indemnizar a los revoltosos a
los más revoltosos de la empresa que esos desagradecidos se tenían que ir o
eran costos sino que había que anotarlos como beneficios, juzgaban, en los
conciliábulos donde que se hacían en la administración fuera de los horarios de
trabajo para cruzar la información por las listas que armaban, prejuzgaban
aprovechaban para mandar al frente de los que podían ser competencia, y
sojuzgaban con otros a los iracundos, como en los libros de contabilidad
aprovechaban una cara del papel no las dos caras de los libros timbrados y
numerados.

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