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Monday, June 15, 2015

Vida rima muerte.




Pocos eran solo él el gringo de la oficina de personal y el ingeniero, pocos eran los del pueblito los que sabían todo lo que se venía cortar cabezas siguiendo los legajos hacer telegramas de despido con justa causa a los revoltosos, un registrador, un amanuense de esos que no hablaban ni escuchaban anden por donde anden, ciego sordo y mudo uno que le llevara la agenda el cuaderno Rivadavia de cien hojas de él que era como buen militar demasiado puntilloso para redactar los partes diarios y los informes que salían para la guarnición, más con las recomendaciones que había recibido de la superioridad de investigar a fondo una por una de las vinco mil almas del pueblo los que tuvieran de dieciocho años para arriba y algunas excepciones, de investigar y de proceder con los sospechosos con las solturas del estado de sitio y el toque de queda que no se exceptúan  de las averiguaciones de antecedentes para empezar y de lo que sabrán hacer en villa Gorriti donde los que volvían lo hacían y volvían como una seda curados de espanto, seditas volvían entrando y saliendo de sus listas, un maestro eso es lo que el mayor necesitaba, un secretario que ni fu ni fa que no debiera ni que le debieran en el pueblo gratinado al que lo asignaron para que los iracundos aprendieran aquellos que no se caga donde se come y eran muchos los renegados porque esos marxistas andaban haciendo de las suyas con los otarios que pillaban para sabotear en las fábricas y en el campo los bienes propiedad privada de la empresa, un tipo impermeable, que le llevara todos los registros con discreción y que tuviera disciplina para cuando él le dijera que su misión se acabó, hábil para hacer desaparecer los papeles, alguien que lo acompañara sin decir esta boca es mía cuando decidiera entre la vida y la muerte de esos imbéciles que luchaban por las ideas, los que estaban a la izquierda quedaban condenados no como los otros que eran personas de bien.

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