Todo un lío le habrá sido la
primera noche al flaco pelear por el lugar de apenas un par de metros cuadrados
para dejar sus bártulos y para estirarse tranquilo y largarse sin que nadie lo
molestara los dos o tres pedos largos que le salían antes de dormirse y
desplegar en el piso para que le tapara un poco el fío que venía de las losas
enfriadas el mantel de hule que habrá alcanzado a sacar en medio de las últimas
discusiones con su dulcinea porque el mango no alcanzaba los niños eran
chiquitos y según ella él no hacía nada aunque anduviera de acá para allá todo
el día todos los santos fías, todo un lío habrá sido la primera noche
descubrirlos a los otros que será que fueran otros que querían lo mismo que él
pero que también eran sus socios en la desgracia buscando por su cuenta su
lugar en este puto mundo de otarios marcando la cancha para que al menos por
una noche esa noche apolillar tranquilo porque los problemas se arreglarán
mañana y si no se arreglaban pasado
mañana que siempre había tiempo de verlos, duro le habrá sido pelear con los
otros esos comedidos que recién habrá comenzado a conocer ese pedacito de la
recova del cabildo donde dos columnas cercanas y una covacha formaban casi las
cuatro paredes de un cuarto cualquiera que venía como anillo al dedo esa madrugada
helada de agosto cuando por primera vez tuvo que vagabundear por la calle, incómodo
el flaco habrá deambulado desvelado por esa vetusta recova por donde habrán
corrido los cabildantes en la colonia y por donde los policías de la provincia
hacán sus rondas con sus manos atrás mostrando sus cachiporras como para que se
amedrentara como los demás y viera de volverse a su domicilio si después de
todo quien más quien menos tiene problemas en su casa y no es que hubiera que
andar cirujeando, habrá pasado frío el flaco sin frazadas apenas con la campera
y el pulóver deshilachado que le quedaba seguramente de sus días mejores cuando
era un niño mimado de su mamá que si lo hubiera visto se le hubieran puesto los
pelos de punta y lo hubiera increpado que no le importaba que el idiota del
papá pensara que él era un vago que después de todo era su hijito del alma y
que no le importaban las amonestaciones las discrepancias del viejo tramposo
que se vivía quejando de todo.

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