Todos le rondábamos a la tota como
perros alzados todos quisimos o más que querer imaginamos en su momento ponerla
entre las piernas de esa tuerta carnosa y bondadosa que sin falta nos esperaba,
todos imaginamos porque ni siquiera sabíamos entonces qué es lo que debíamos o
queríamos hacer en las últimas instancias de eso que buscábamos sin saber muy
qué es lo que era que buscábamos aquello que ella nos daba con creces en
nuestra imaginación que volaba, meter nuestras manos entonces de criaturas
todavía despertando a la calidez de la humedad que a la otra se le notaba en el
líquido tibio y viscoso que le bajaba y se tocaba en los primeros roces con su
piel por abajo, tierna doncella cenicienta maravillosa que aunque fiera veíamos
de una belleza inmensa que lo único que nos pedía era que no fuéramos todos
juntos a estar con ella en esa partecita del zaguán donde se acurrucaba con
cada uno de nosotros uno por vez que eran unos minutos después de las diez de
la noche cuando estaba segura que los patrones dormían y no aparecerían para
reprenderla, ahí se quedaba quietita temblando abrazada a nosotros devolviendo
cada beso con cada mano de nosotros que la acariciaba torpemente andando por
sus turgencias tempranas estremeciéndose en cada apretada que investigaba sus
hendiduras después de todo eran sus momentos personales y ella se los tomaba de
punta a punta con anuencia de la Blanca que era la mujer mayor que oficiaba de
mucama y consejera que comprendía que la niña estaba en edad de merecer y que
con esos filtreos inocentes no se la embarazaban después de todo, todos le
rondábamos en esas noches a la tota que hasta las doce de la noche disfrutaba
de nuestras calenturas como nosotros de las de ella y de su exclusividad como
si supiera que era la única princesa para tanto hambre en jauría.

No comments:
Post a Comment