El pinet le daba como en la
colimba a los changos que entraban al servicio militar cuando los sorteaban y
se los llevaban a las guarniciones cercanas, el pinet le daba por completo de
los pies a la cabeza y era un pinet bien de mina que desentonaba solo con una
sonrisa en la que aparecían unos pocos dientes amarillentos y desordenados y
unos vellos intensos en sus brazos de niña creciendo pero a nosotros eso ni nos
importaba el pinet le daba y la veíamos como lo que era para nosotros una
doncella la mejor doncella que además era bondadosa y nos dejaba que la
tocáramos por donde quisiéramos que la abrazáramos y metiéramos manos en sus
zonas pudorosas, entraba por los ojos nuestros ojos mirar las piernas gruesas y
tersas que la tota enseñaba detrás de unas minifaldas sicodélicas que apretaban
su cuerpo a la altura de las caderas esas piernas sus piernas dibujadas de
hembra en celo esperando diligencias nuestras diligencias de calentones y
pajeros, esos perniles casi en sus nalgas que por nuestro lado veíamos
insinuadas en las sombras de los zaguanes o de los pasillos oscuros donde nos
esperaba uno por uno para dejarse tocar y estremecerse, a las horas obligadas
de las visitas después de las diez de la noche cuando a ella la patrona le daba
un respiro que aprovechaba después de una ducha frugal que sabíamos se tendría
que dar porque aparecía con su largo pelo mojado, entraba por los ojos el
cuadro de sus pechos libres sin corpiños debajo de esas blusas de acroceles
ordinarios que eso sí que no se planchaban lavilisto que se notaba eran su
vestuario para esperarnos la utilería que nos daba vueltas en las cabezas todo
el santo día mientras esperábamos esos pasajeros instantes de los encuentros, en
nuestras loquitas cabezas de niños creciendo a los tumbos sin muchas
orientaciones de lo que eran más grandes que nosotros, justo en las mismas
cabezas donde legiones enteras de piojos por esos días confirmaban mientras
esperábamos, las diatribas las inmundicias la promiscuidad y los hacinamientos que
barruntábamos, que confirmaban ese fárrago franeleros y líquidos de arriba y de
abajo que mezclábamos.

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