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Monday, June 22, 2015

Ojos rima piojos.



El pinet le daba como en la colimba a los changos que entraban al servicio militar cuando los sorteaban y se los llevaban a las guarniciones cercanas, el pinet le daba por completo de los pies a la cabeza y era un pinet bien de mina que desentonaba solo con una sonrisa en la que aparecían unos pocos dientes amarillentos y desordenados y unos vellos intensos en sus brazos de niña creciendo pero a nosotros eso ni nos importaba el pinet le daba y la veíamos como lo que era para nosotros una doncella la mejor doncella que además era bondadosa y nos dejaba que la tocáramos por donde quisiéramos que la abrazáramos y metiéramos manos en sus zonas pudorosas, entraba por los ojos nuestros ojos mirar las piernas gruesas y tersas que la tota enseñaba detrás de unas minifaldas sicodélicas que apretaban su cuerpo a la altura de las caderas esas piernas sus piernas dibujadas de hembra en celo esperando diligencias nuestras diligencias de calentones y pajeros, esos perniles casi en sus nalgas que por nuestro lado veíamos insinuadas en las sombras de los zaguanes o de los pasillos oscuros donde nos esperaba uno por uno para dejarse tocar y estremecerse, a las horas obligadas de las visitas después de las diez de la noche cuando a ella la patrona le daba un respiro que aprovechaba después de una ducha frugal que sabíamos se tendría que dar porque aparecía con su largo pelo mojado, entraba por los ojos el cuadro de sus pechos libres sin corpiños debajo de esas blusas de acroceles ordinarios que eso sí que no se planchaban lavilisto que se notaba eran su vestuario para esperarnos la utilería que nos daba vueltas en las cabezas todo el santo día mientras esperábamos esos pasajeros instantes de los encuentros, en nuestras loquitas cabezas de niños creciendo a los tumbos sin muchas orientaciones de lo que eran más grandes que nosotros, justo en las mismas cabezas donde legiones enteras de piojos por esos días confirmaban mientras esperábamos, las diatribas las inmundicias  la promiscuidad y los hacinamientos que barruntábamos, que confirmaban ese fárrago franeleros y líquidos de arriba y de abajo que mezclábamos.






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