Antes una manga de vagos hablaban
en los estrados de la sede del legislativo de la municipalidad improvisada en
los salones vestidores de la pileta pública que habilitaban en los veranos,
ahora se acababan todas esas cuitas y de las palabras se pasaban a los hechos
con las cuadrillas del ejército que reemplazaban a os morochos que vivían de
huelgas y de juergas, ni que ordenanza ni que ocho cuartos las resoluciones
salían como pan caliente del horno de la intervención sin demasiadas consultas
a todos esos vagos que con esas diatribas de la democracia se hacían nombrar
concejales apoyados por vecinos y parientes indolentes para pasarla bien cobrar
los sueldos a fin de mes y dedicarse a levantar las manos y las minas que
estaban buenas y con mucho hambre en las sesiones para que los presupuestos se
aprobaran y salieran también como piza del horno en las partidas para las
construcciones de cordones cunetas las cloacas los planes de viviendas sociales
y levantar las tasas de recolección de los residuos y del alumbrado público, ya
habían jodido demasiado como para andar quejándose de las cosas que pedían los
vecinos acosados por los zurdos de mierda que se había querido meter en el
gobierno antes, ni que ordenanza ni que ocho cuartos ahora iban a ver lo que
era gobernar con orden y disciplina militar se acababan la joda y los puteríos
y las prebendas eso de nombrar parientes en todos los puestos de la
municipalidad se iban a escarmentar de todas las jodas que los llevaron a que
las comisiones de vecinos mismos los buscaran como habían hecho tocando las
puertas de los cuarteles, el mayor Arenas lo colmaba de estas peroratas a su
colaborador el maestro Víctor que en un cuaderno Rivadavia llevaba toda la
agenda del tipo pocas pulgas, que la gente es muy jodida y no fuera cosa que se
comenzara a quejar que se hacían esas mismas cosas inconsultas que el estado de
sitio no lo permitía y que el horno no estaba para bollos.

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